No Me Enseñaste Como Estar Sin Ti

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Era una mañana hermosa. El sol brillaba fuertemente y tocaba mi piel de una forma muy deliciosa. Recuerdo haberte hecho el desayuno y esperar por ti. Pero nunca llegaste. Tan solo un mensaje de texto fue el que disipo mis dudas: “Ya no puedo más con esto”

¿Ya no puedes más con esto?“, me dije a mi mismo. ¿Qué era lo que ya no podía soportar más?

Mi cabeza se lleno de dudas, preguntas y cuestionamientos, e incluso hasta me culpe a mi mismo. Me habías dejado por un mensaje de WhatsApp, y eso incluso para mí, era de muy mal gusto.

Intente hablar contigo, quise incluso tratar de resolver y volver a estar juntos pero tú no cediste. No quisiste si quiera intentarlo o al menos decirme porque habías decidido seguir otro rumbo y dejarme aquí.

Tú sabias que, para mí el amor funciona de formas diferentes, y que cuando me enamoro de alguien, no soy tan fácil de olvidar y seguir adelante. Pero claramente, eso no te importo en lo absoluto.

Mis sueños, mis metas, mis cosas están repletas de TI. Mis sabanas todavía tenían tu olor impregnado, y nuestro perro aún sigue a la espera de ti, para recibirte. Después de muchos intentos, decidí acudir por ayuda, con un psicólogo. Alguien que quizás me ayudara a saber lo que yo no veía. Lo que el amor me había cegado, y tal vez y solo tal vez pudiera salir de este hoyo.

Los días se volvieron en semanas, las semanas en meses y un tiempo después todas las estaciones pasaron frente a mi y yo solo podía sentir un vacío. Y una tristeza inmensa, en donde estaban en un callejón sin salida.

Después de un año, lo entendí. Ya no estabas aquí y ya no lo estarías. Por lo que me prometí a mi mismo, ser mejor. Olvidarte y seguir adelante, eliminarte de mis metas, de mis deseos. Limpiar la casa y sacar el aroma que dejaste en ella.

Y después de tanto intentarlo y fallar, por fin lo logre, por fin encontré el consuelo y la tranquilidad que tanto anhelaba. Entendí que la soledad no es algo malo, sino es una forma de probarte a ti mismo que te amas.

Pero un día, regresaste a mi puerta y de rodillas me pediste perdón. Me imploraste porque te disculpara, asi como por una segunda oportunidad.

¿Qué era lo que se suponía que debía hacer?, si la herida apenas estaba comenzando a sanar.

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